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miércoles, 8 de marzo de 2017

Reseña de “Piel de Lobo” de Lara Moreno


TÍTULO: Piel de Lobo
AUTOR: Lara Moreno
EDITORIAL: Lumen

SINOPSIS
Dos mujeres, dos hermanas, dos personajes complejos enfrentados a sus contradicciones que comparten un mismo pasado del que es mejor no acordarse.
Un viejo caballito de plástico blanco y azul espera a las dos hermanas cuando entran en casa del padre, un hombre solo que murió hace un año, dejando tras de sí pocos recuerdos y algunas manchas de café en el mantel. Sofía y Rita han venido al pueblo para recoger lo poco que queda de aquellos años en que eran niñas y pasaban los veranos allí, en el sur, cerca de la playa.
Rita, tan esbelta ella, tan hermosa, tan lista, parece dispuesta a despachar el asunto y volver a lo suyo, pero Sofía sabe que esa casa será el refugio donde ella y Leo, su niño de cinco años, van a instalarse para curar un desamor que la ha dejado sin fuerzas. Allí se quedan madre e hijo, paseando esa nueva vida por las calles donde se abren las primeras sombrillas, masticando arroz y fruta limpia, intentando imaginar un futuro que tenga sabor.
¿Y Rita? Rita se va pero vuelve porque hay recuerdos que queman y el rencor pide paso. Finalmente, encerradas en esa casa que parecía muerta, las dos hermanas nos van a contar una historia dura, algo que nadie quería saber, un secreto del que quizá sería mejor olvidarse, y que solo la buena literatura sabe rescatar para que ese dolor, esa rabia y la ternura que de repente asoma sean también nuestros.

OPINIÓN
Piel de Lobo llegó a mí a través de la recomendación de uno de los miembros del Club de Lectura que organizo en La Font de Mimir. Había leído el libro y le parecían increíbles ciertos sentimientos y reacciones que se narraban en la novela, así que nos pidió una segunda opinión; como hombre quería el feedback de las mujeres. Y lo escogimos para comentarlo en la siguiente sesión.
“Sofía ya está entregada a la pantomima, nota un regustillo en las plantas de los pies, qué suerte tiene, son una familia unida que se compadece a sí misma (…)”.
He de ser sincera, la voz principal, la de Sofía, me ha caído mal desde el inicio y sólo al final la he rescatado, comprendiendo su poso amargo, empatizando con el asco a sí misma, a su muda impotencia ante los sucesos. Sentía en ella una máscara y una indiferencia hacia los demás, un egoísmo hedonista que me causaba antipatía. Además, algunas de las situaciones me han producido revulsión, especialmente las que tienen que ver con la maternidad y fraternidad ausente; el niño que busca y no encuentra; la necesidad maternal de ser mártires ante una situación escogida de antemano; el hermano mayor que se cree héroe y responsable del pequeño, pero que se comporta como el pequeño a pesar de ser el mayor.
“Mi hijo me pregunta quieres jugar conmigo y le digo siempre espérate un momento, espérate que estoy haciendo cosas, espérate una infancia porque ahora no puedo, ahora. Yo quisiera poder pero no puedo. De pronto me erijo como una madre, solo me levanto de la tierra cada mañana como una madre y durante un día entero busco la manera de distraerme de eso: el abandono de mi pareja, el abandono de mi hermana, la muerte de mi padre, la huida de mi madre, mi propio abandono”.
Lara Moreno posee una narrativa clara y concisa, que nos adentra en la psique y el universo emocional de los personajes. Logra que nos removamos y algo haga “crack” en nuestro interior durante la lectura. Ya sea por reprobación o reflejo, no pueden pasarnos inadvertidos. Demasiado reales, desnudos y crudos.
“Con qué lisura convierte el verdugo a la víctima en cómplice”.
El desamor, el sexo, la amistad, la maternidad, la soledad… Todos estos temas se encuentran en sus páginas como una excusa para relatarnos algo anterior, algo primordial y orgánico en la vida de las protagonistas: la relación, o falta de ella, entre las hermanas.
“Sofía casi nunca toca a su hermana, igual que casi nunca su hermana la toca a ella, y de pronto el tacto de su mano sobre la rodilla picuda le hace daño. Rita aparta muy levemente la pierna, y quedan solo dos dedos de Sofía sobre su piel, unos dedos con uñas pintadas de rosa palo, es raro que Sofía se haya pintado las uñas, es raro tener sus dedos tan cerca”.
Los personajes que se dibujan en un inicio como mártir y libre, débil y fuerte, se van mostrando más adelante como lo que realmente son: cambiantes e intermitentes como la marea, cada una con sus altos y bajos, con sus secretos, traumas y deseos.
“Se imagina que Leo no estuviese en su habitación dormido y ella pudiese vestirse, cerrar la puerta de la casa, salir de noche, ejecutar algún baile, buscar un hombre (…). La vida le debería estar permitida”.
La autora aprovecha la historia de una mujer recién separada que escapa a la casa de su infancia con su hijo de cinco años, para hablarnos de algo más complejo que el fin de una relación y el duelo en este impass vital: la infancia y sus secretos, la familia y la permisividad, todo aquello que nos arranca de la inocencia y nos marca para siempre, convirtiéndonos en quiénes somos en la edad adulta.
“Un niño de cuatro años, su cara aún redonda, su barriga suave, sus rodillas leves. Pero en aquel momento yo también era una niña, algo mayor que mi hermana, pero una niña. Y la inmediatez no es aliada de la perspectiva”.
Es una historia protagonizada por mujeres en la que se nos revelan sus pensamientos más íntimos e inconfesables, pero no por ello es una novela sólo para mujeres, pues éstos se muestran en relación al mundo que las rodea, a las relaciones que establecen, al resto de mujeres de su vida y a los hombres que, de un modo u otro, la transmutan.
“Qué difícil es ahondar en este punto: qué desea uno, de verdad qué desea, ahora, en este momento, limpiamente, sin la carga adicional de las circunstancias”.
El dolor como motor de cambio, como bofetada que nos despierta, como empujón hacia la realidad de nosotros mismos.
“Era libre, cómo lo veo ahora de claro. Pero yo me sentía tan atada, tan manipulada. No por él, mi niño, no era eso, nunca he sentido un reproche hacia él, aunque quién sabe, quizá él se los haya tragado todos…”.
Esta es una novela fácil de leer, pues la autora ha sabido imprimirle ritmo y agilidad, con un lenguaje cercano y de calle, sin diálogos complejos ni descripciones sobrecargadas. El mundo tal cuál es para los ojos de quiénes viven en él. A pesar de ser una lectura rápida, es de digestión lenta por los temas tratados, tanto en primer plano como entre líneas.
“Ha sacado sus pocos libros y sus lápices y está tirado en medio del salón, en el suelo, mirándolos, pintarrajeando, aburrido. Y tiene hambre. Y su madre no está muerta porque sigue roncando con ese silbido de serpiente, pero no se ha movido”.
El final se gesta a lo largo de la novela, se hace evidente, excepto para Sofía que, como ya he comentado al inicio, vive en su propio mundo, en un globo que explota con la verdad que nunca quiso ver ni escuchar.
“(…) qué tonta eres, me dice, eres muy tonta, y yo le digo por qué no me has llamado, y ella me responde, dejé la puerta abierta, solo tenías que entrar”.
¿Hasta dónde llega nuestra indiferencia? ¿Hasta dónde nuestras responsabilidades? ¿Por ser hermana, madre, hija, esposa tenemos alguna obligación real? ¿Es la empatía un deber para con la familia?
“(…) ¿no había señales suficientes?, ¿no iba el lobo vestido con su flamante piel de lobo, hosca y dura piel de lobo, jamás lobo disfrazado de cordero, lobo siempre con su lomo erizado, no aullaba el lobo a la luna delante de todos, nos enseñaba sus fauces con descaro?”.
Recomendada a lectores capaces de ver más allá de los tabúes y las etiquetas sociales. Para quienes quieran ahondar en las emociones femeninas y en los silencios con demasiada historia.

Isabel del Río
Diciembre 2016


miércoles, 1 de marzo de 2017

Reseña de “Cuentos de Hadas” de Ángela Carter


TÍTULO: Cuentos de Hadas
AUTOR: Ángela Carter
TRADUCCIÓN: Consuelo Rubio Alcover
EDITORIAL: Impedimenta

SINOPSIS
Hubo un tiempo no muy lejano en que los cuentos de hadas no estaban destinados a los niños. Los relatos recopilados en este mítico volumen, a los que Ángela Carter dedicó años de su vida, tampoco son para niños. En ellos encontramos sangre, humor, sexo y muerte. No hay princesas ñoñas ni hadas maravillosas, sino jóvenes astutas, ancianas taimadas, chicas malas, hechiceras, parteras vengativas, mozas ladronas, novias rastreras, madres, hijas y hermanas raras. Solo una escritora tan radical como Ángela Carter podría haber sido capaz de armar esta antología de relatos, todos ellos protagonizados por mujeres, una celebración del universo femenino a través de los tiempos, ilustrado con los grabados originales de la edición inglesa a cargo de Corinna Sagood.

OPINIÓN
‹‹Los muertos saben cosas que nosotros desconocemos, aunque se las guardan para sí››. He pasado las últimas semanas del 2016 y las primeras del 2017 sumergida en el mundo de la fantasía y de las hadas; historias donde las mujeres son poderosas, rebeldes, fuertes, malvadas, justas, sobrenaturales y reales. Finalicé Más allá del viento del norte, libro comentado en el Club de Lectura que organizo cada mes en La Font de Mimir, una historia mágica que reseñaré más adelante. Pero, además de la novela de MaCDonald, llevo unos meses leyendo un par de cuentos antes de irme a dormir, son de la recopilación de Ángela Carter que Impedimenta ha publicado de lujo.
‹‹(…) las mentirijillas de los niños, como las historias de las comadres viejas, no suelen quedarse cortas de verdad››.
Crecí rodeada de historias, algunas eran leyendas populares, otras historias extraídas de la Biblia o de obras como la Odisea y la Ilíada; las pruebas de Hércules se mezclaban con las enseñanzas de Jesús, y el paso por el mar rojo con el viaje de retorno a Ítaca. Pero sin duda, las que mejor recuerdo son esos cuentos extraños y a veces violentos que habían sido transmitidos de boca a oreja, cambiando con el tiempo y el narrador. Muchos me los contó mi abuelo, otros los escuché en casetes que no dejaban de sonar durante la noche en mi habitación, otros los leería a lo largo de mi infancia y juventud de libros que recuperaba de estantes polvorientos, olvidados en despensas y paneras, o en bibliotecas, mientras esperaba a mi madre.
‹‹(…) necesitamos averiguar cada vez más detalles sobre quiénes éramos para ser capaces de conjeturar quiénes podemos acabar siendo››.
Llegó un punto en que los seres fantásticos eran tan reales como aquello que vivía, y las lecciones de estos cuentos, a veces más crudas que la calle, pero muy similares al hogar, me enseñaron a enfrentar lo que tenía ante los ojos, así como lo que vendría más adelante. Me insistieron para que tuviera esperanza y creyera en los sueños, para que luchara por aquello que creía bueno y verdadero, para que persiguiera lo que consideraba justo, aunque otros pensaran lo contrario. También aprendí en ellos que existían personas egoístas y llenas de temor con las que había que tener cuidado, pues, a pesar de que todos somos capaces de la mayor bondad, también lo somos de lo más bajo, incluso con los niños, especialmente con ellos.
‹‹Los cuentos maravillosos están confeccionados del mismo material que los sueños (…). Jung propugna que la voz que nos habla en nuestros sueños no es la nuestra, sino que brota de una fuente trascendente, y que el fenómeno onírico nos remite por lo tanto al hecho religioso en el sentido más amplio. (…) La voz de nuestro sueño, dice Fromm, sigue siendo nuestra, quizá más nuestra que nunca, y más lúcida en muchos aspectos que durante la vigilia››*.
Cuentos de Hadas de Ángela Carter me ha hecho retornar a esos momentos en que mi abuelo afilaba la hoz sentado en un taburete y me explicaba historias de seres acuáticos y de viento, de personas cambiantes y de mujeres con dones más allá de lo explicable. Me han hecho regresar a las páginas amarillentas y enmohecidas que se suponía no debía leer a esa edad, y a los momentos ocultos para poder escapar del escrutinio de los mayores. Me han hecho recordar la fuerza que todas poseemos y también que debemos ser cuidadosas con ella, pues podemos ser más crueles de lo que imaginamos.


‹‹Estas mujeres procedían de comunidades rurales resueltamente patriarcales, e inevitablemente habían absorbido y sintetizado los valores de esas comunidades, donde una recién casada “no podía hablar con nadie excepto con los niños si no se encontraban presentes hombres y otras mujeres mayores”››.
Como explica la propia autora en la introducción original de la obra, los cuentos de hadas estaban destinados a educar y mostrar el mundo en un lenguaje comprensible, creando un universo con arquetipos reconocibles en el mundo real. Se trataba de formar mentes sin restricciones moralistas ni sentimentalistas, sin intentar tapar lo malo para no sufrir, sin edulcorantes, pues los problemas nos alcanzan del mismo modo y se trata de estar preparados para superarlos. También servían para entretener, para reír y llorar, algo que logran a pesar del tiempo transcurrido entre su primera narración y el momento en que lo leemos.
‹‹Los cuentos tradicionales, populares o maravillosos proporcionan al niño una guía para lograr una buena integración de la personalidad que incluye la satisfacción de sus impulsos inconfesables (el ello) y la victoria final del yo. (…) vendría a ser una hoja de ruta de cómo vencer los propios miedos y progresar hacia el desenlace final››*.
Impedimenta ha hecho un trabajo precioso, como siempre. Una edición impecable con una portada que invita a llamar a la puerta y traspasar el umbral.
‹‹El viento sopló con fuerza, y me dolió el corazón al ver el hoyo que había cavado el zorro››.
Recomendada a padres, educadores y cuenta cuentos; a aquellos que disfruten de la fantasía y de las buenas historias en dosis concentradas; para quien no tema a brujas, duendes y seres sobrenaturales; para aquellas mujeres que quieran ver su reflejo en otros tiempos y mundos.
‹‹Las familias de los cuentos de hadas son, por lo general, unidades disfuncionales en las que los padres y los abuelos son irresponsables en extremo, llegando incluso al asesinato; en ellas, la rivalidad entre hermanos se convierte en la norma y desemboca fácilmente en crímenes››.

*Prefacio de Consuelo Rubio Alcover, octubre 2016.

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Isabel del Río

Enero 2017

lunes, 27 de febrero de 2017

NEWS Activitats de la Font de Mimir: febrer-març 2017


Aquest mes ens hem tornat a enamorar de la literatura amb el nostre Club de Lectura; les trobades amb autors, editors i lectors; així com les nostres activitats per als més petits de la casa.
Març ens espera amb més sorpreses, com la taula rodona de Més que un Club!: 'Dones i Escriptores', amb Teresa Roig, Irene Claver, Griselda Martín, Silvia Tarragó i Emilia Illamola.


En la nostre trobada anterior del Club de Lectura vam xerrar amb l'autora de Las Bocas de la Montaña. El Señor del Viento (Atlantis), de qui podeu trobar una entrevista e informació sobre el llibre al nostre blog; i amb l'editor de Orciny Press, Hugo Camacho, que ens va parlar sobre el Bizarro i les seves propostes literàries. Aquest mes, el Club es reunirà dimarts 14 per comentar Mi nombre escrito en la puerta de un váter de Paz Castelló (Umbriel).
I si t'interessa l'escriptura o tens una idea en ment però no saps com posar-te en marxa, en breu anunciarem nous tallers d'escriptura per a adults i joves. Informa't a la llibreria i apunta't a: isabel@lafontdemimir.cat


Divendres 10 a les 19h Més que un Club!: Taula rodona sobre 'Dona i Escriptora', amb Silvia Tarragó (Temps de Llum), Emilia Illamola (Cabrils, Sao Paulo, Barcelona. Un amor pendent), Teresa Roig (La Merceria), Griselda Martín (Muñecas de papel) i Irene Claver (Malditos).
Dissabte 11 a les 12.00h Mini-Club de Joc. Seguim descobrint nous jocs de taula per els més petits (a partir de 3 anys).
Dimarts 14 a les 18.30h Club de Lectura: Mi nombre escrito en la puerta de un váter, de Paz Castelló.
Dissabte 18 a les 12.00h Conta contes: Contes per la igualtat.
Divendres 17 i 24, a les 18.30 Taller de literatura fantástica: Batalles.
I recorda, pots apuntar-te a les nostres activitats i novetats visitant-nos a la llibreria o escrivint-nos un mail: mimir@lafontdemimir.cat
A més, si busques nova lectura i vols recomanació, al nostre blog trobaràs ressenyes i entrevistes cada setmana:

T'esperem!

Isabel del Río
Relacions Públiques i Dinamitzadora Cultural
@FONTMIMIR

miércoles, 22 de febrero de 2017

Reseña “Más allá del viento del norte” de Geroge MacDonald


TÍTULO: Más allá del viento del norte
AUTOR: George MacDonald
TRADUCCIÓN: Joan Eloi Roca
ILUSTRACIONES: Arthur Highes
EDITORIAL: Ático de Libros

SINOPSIS
Diamante vive en el Londres victoriano junto a su familia en condiciones muy precarias. Un día, decide tapar los agujeros de la pared que hay detrás de su cama con heno para evitar que entre aire frío. Enfadado, el Viento del Norte, transformado en una hermosa dama, lo visita para reprenderlo. Pero se hacen amigos y Viento del Norte decide que el joven lo acompañe en un viaje en el que vivirán increíbles aventuras y Diamante aprenderá cosas sobre el bien, la generosidad y el destino. 
Más allá del viento de norte es una obra maestra de la literatura fantástica e infantil.

OPINIÓN
Existen temas socialmente repudiados, tabú en las casas y en la educación, palabras y conceptos a los que damos la espalda creyendo que, quizá así, ellos también acabarán por ignorarnos y pasarán de largo.
‹‹La pobreza no hace que una persona valga menos —puede que valga mucho más siendo pobre de lo que valió siendo rica—, pero la deshonestidad rápidamente hace que un hombre no valga nada (…)››.
Un tema especialmente duro es el de la muerte y, sobre todo, cuando debemos explicarlo a un niño. A mí nunca me endulzaron el zumo o la leche, y tampoco lo hicieron con el tema de la parca. Las plantas y los animales se iban, del mismo modo que nacían, con un ciclo natural, y del mismo modo sucedía con el universo humano, por mucho que la gente prefiriera no hablar de ello más que en susurros, como si estuviera prohibido.
‹‹No, no podría ser cruel aunque quisiera. No puedo hacer nada cruel, aunque muchas veces lo que hago parece cruel a aquellos que no saben de verdad lo que hago. La gente que dicen que ahogo, en realidad solo los llevo a… a… a… bueno, a más allá del viento del norte, así es como solían llamar a ese lugar hace mucho tiempo, aunque yo nunca he visto ese lugar››.
La magia y los espíritus, las leyendas y creencias de cada persona, según su religión o filosofía vital, también son materias complicadas cuando se trata de los más pequeños. Hablamos de Papá Noel, los Reyes, el Caga Tió y el Ratoncito Pérez, pero después nos da reparo hablar de qué sucede tras la muerte —o qué creemos que sucede—, rápidamente decimos “no existen los fantasmas” o “eso es sólo el viento”, para eliminar de la cabeza de los niños cualquier explicación feérica o espiritual de lo que les rodea. Hasta dónde llegan los límites, ¿dónde construimos las fronteras?
‹‹—No soy un hada —respondió la pequeña criatura.
—¿Cómo lo sabes?
—Sería más adecuado que me preguntases cómo lo puedes saber.
—Pero si me lo acabas de decir.
—Sí, pero ¿de qué sirve saber algo solo porque te lo han dicho?››.
George MacDonald es considerado el padre de la fantasía moderna. Fue mentor de Lewis Carroll, autor de Alicia en el País de las Maravillas, y dicen que J.R.R. Tolkien, autor de El Señor de los Anillos y El Hobbit, lo consideraba un maestro. Ciertamente, encontramos en su obra alusiones a tierras mágicas que pueden recordarnos a Tolkien, y el sinsentido de los escritos de Carrol, también todos esos temas que normalmente se cogen con pinzas y se barren bajo la cama, pero tratados con un realismo mágico que hace más fácil encarar las dudas de los pequeños de la casa.
‹‹Le llamó niño pequeño, pero, en realidad, ella era apenas un mes mayor que él. Sucedía que había tenido que trabajar para ganarse el pan, y eso hace que te hagas mayor más rápido››.
En Más allá del viento del norte encontramos temas como la muerte, pero también la pobreza, el sufrimiento, el hambre, la bondad —y el egoísmo—, la soledad y la enfermedad. Conceptos reales como la vida misma que a veces se borran del “plan de estudios” para evitar sufrimientos, cuando en realidad, esa ignorancia los multiplica a la larga.
‹‹—Pero, ¿no se asustó la pequeña?
—No me vio. La mujer tampoco me habría visto, si no hubiera sido malvada.
—¡Oh! —dijo Diamante, dudando un poco.
—¿De qué te iba a servir ver cosas que no comprendes o con las que no sabes qué hacer?››.
Los niños son los protagonistas de la novela. Niños fuertes y acostumbrados al frío y al hambre, a los borrachos y a las broncas, a los ladrones y a las lágrimas, pero que estallan en risas cristalinas si se les da la oportunidad. No por ello menos niños, aunque quizá más rudos y con la cabeza más clara con las prioridades.
‹‹Siempre es algo horrible pensar que habrá alguien y no encontrar a nadie. Los niños, en particular, no están acostumbrados a ello; y lo habitual es que lloren si no encuentran a nadie, especialmente cuando se despiertan por la noche. (…) Pero a mí, personalmente, no me preocupa que alguien llore, sino por qué llora, y cómo llora››.
Eso no significa que no haya adultos. Son los adultos los que provocan el cambio en la vida de los niños, son los que les dan de comer, pero también los que les privan de pan con sus decisiones, los que les ponen situaciones delante que algunos creerían demasiado complejas, aunque al final ellos sepan desenvolverse; pues ser pequeño, no significa ser estúpido.
‹‹—Pero bueno, hijo mío, estás contando a todas las personas que conoces. Que las conozcas no hace que sean tus amigos.
—¿Ah, no? Yo pensaba que sí. Bueno, pero serán mis amigos. Yo haré que lo sean.
—¿Y cómo piensas hacerlo?
—No podrían evitarlo ni aunque desearan hacerlo. No tienen forma de evitar que yo decida ser su amigo, ¿sabes?››.
Diamante es el protagonista de esta historia dulce, melancólica y con un final que imaginamos a media novela, pero que no por ello nos choca menos cuando llega. Él es un niño pequeño, amoroso y risueño, que ha crecido rodeado de cariño y facilidades, hasta que su padre pierde el trabajo y ha de enfrentar una realidad más compleja en la ciudad.
‹‹(…) Ha habido que enseñarte lo que es el valor, puesto que no podías saber lo que era sin haberlo sentido; por lo tanto, se te mostró. Pero, ¿no sientes ganas de ser valiente por ti mismo la próxima vez?
—Sí, es verdad. Pero tener ganas no es mucho.
—Sí, sí lo es. Es muchísimo, pues es un principio. Y un principio es una de las cosas más fantásticas del mundo. Intentar ser valiente es ser valiente. El cobarde que intenta ser valiente es mejor que el hombre que es valiente por naturaleza, y nunca tuvo que intentarlo››.
La otra protagonista de la novela sería Viento del Norte, un ser feérico, espiritual y casi divino, encarnado en el viento que sopla del norte. Una dama de la que Diamante se enamora y en la que cree con devoción. Un espíritu justo, ni bueno ni malo, que hace aquello que debe, pues comprende las cosas a más gran escala que nosotros.
‹‹(…) Debes llamarme sencillamente por mi nombre, respetuosamente, ya sabes, solo Viento del Norte.
—Entonces, por favor, Viento del Norte, eres tan hermosa. Estoy listo para irme contigo.
—No debes apresurarte a seguir a todo lo que es bello, Diamante.
—Pero lo que es bello no puede ser malo. ¿Tú no eres mala, verdad, Viento del Norte?
—No, no soy mala. Pero en ocasiones las cosas bellas se vuelven mañas por sus malos actos, y hace falta cierto tiempo para que sus maldades estropeen su belleza››.
La historia tiene varios niveles de lectura. Está la vida de Diamante, su familia y amigos, y cómo esta se desarrolla, tanto en los momentos buenos y apacibles, como en los malos y crueles. Otra es la parte espiritual, que va unida a la vida de Diamante, y lógicamente la afecta, pero que parece correr entre líneas. Y la última sería la lectura filosófica y de valores, que recorren cada página.
En resumen, una lectura perfecta para niños +7 años, llena de fantasía e imaginación, con un lenguaje culto pero sencillo, con un protagonista sumamente dulce y amable, y una realidad dura pero fácil de digerir tal y como está contada. Un libro que nos ofrece un relato altamente educativo, no sólo en temas complicados, sino en valores que hoy en día parecen enterrados como un objeto de otro tiempo.
‹‹(…) cuando alguien quiere hacer lo correcto, todo a su alrededor intenta ayudarlo››.
Una noche Diamante escucha una voz que le llama en la oscuridad, es entonces cuando conoce a Viento del Norte y ésta le muestra el mundo que hay más allá de los muros y jardines que siempre ha conocido. Su amistad al principio es un juego inocente, hasta que un hombre habla a Diamante del país más allá del viento del norte, y el niño siente curiosidad por conocer ese lugar. Viento del Norte, que no puede negarle nada, pues vive para servir y además le adora, le llevará hasta allí. Diamante descubrirá un mundo perfecto y en harmonía, donde le río siempre canta una alegre melodía. Tras visitar ese mundo más allá de la vida, el niño regresará con sus padres, justo para descubrir que el mundo que conocía se ha desintegrado, e iniciar un descenso al frío, el hambre y la crudeza con un objetivo: borrar la tristeza de la vida de todos aquellos que le rodean.
‹‹Nunca olvidamos una estrella que se ha convertido en puerta››.
Recomendada a niños +7 años; a padres y madres con ganas de contar un cuento hermoso, fantástico y con mucho fondo; para educadores, cuentacuentos y psicólogos infantiles; para los amantes de la fantasía y los cuentos de hadas.

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Isabel del Río
Enero 2017




miércoles, 15 de febrero de 2017

Club de Lectura en La Font de Mimir: Las Bocas de la Montaña y La Casa de Arenas Movedizas

En el encuentro del Club de Lectura en La Font de Mimir de ayer, comentamos Las Bocas de la Montaña. El Señor del Viento (Ediciones Atlantis), y también charlamos con el editor de Orciny Press sobre La Casa de Arenas Movedizas de Carlton Mellick III.
Tras un debate de lo más interesante en torno a lo fantástico y lo bizarro, como cada mes, extendimos nuestra mesa de recomendaciones y votamos libro para el siguiente encuentro del Club, de cara al mes de marzo.

Aquí os dejo una entrevista a la autora de Las Bocas de la Montaña:

LA AUTORA
Isabel del Río (Barcelona, 1983). Licenciada en Filosofía por la UAB y Fitoterapeuta titulada. Escritora, lectora, correctora, coach editorial, dinamizadora cultural y Terapeuta holístico-integral. Colabora en medios como la revista Integral y podemos leer sus reseñas, artículos y entrevistas a personajes del mundo editorial en su blog personal: La Odisea del Cuentista.
Su primera novela, Casa de Títeres, fue publicada en abril de 2008 con una gran acogida. En el año 2010 con la Galera y 2012 con Otros Mundos publicó la bilogía de La Casa del Torreón, historia oscura dirigida al público juvenil-adulto. Por Sant Jordi del 2013 dirigió y publicó con Otros Mundos: 20 Relatos del Fin del Mundo. En mayo de ese mismo año llegó a las librerías 100 Cosas que hacer en Barcelona al menos una vez en la vida con las editoriales Cossetània y Lectio. En 2014, cuando esperaba su primer hijo, publicó con Otros Mundos la antología de ficción y erotismo: LoveFool. En 2015 dirigió y publicó con Otros Mundos la antología solidaria: Sueños. En 2015 y 2016, con las editoriales Columna y Kailas, vio la luz su primer thriller adulto: La Vidente de la Luna Llena. On-line encontramos sus series por entregas: Astrid y Nieve.
Recomendaciones del Club de Lectura
Ahora nos sorprende con una historia que viaja más allá de nuestro mundo, internándose allí donde residen los viejos dioses y los seres fantásticos de los que nos hablan las leyendas.

ENTREVISTA A LA AUTORA
Las Bocas de la Montaña surgió tras un viaje con tu pareja a un hostal alejado de la civilización. ¿Qué fue lo que ocurrió y qué te empujó a escribir este libro?
Hace años, tras la publicación de La Casa del Torreón, decidimos tomarnos unas pequeñas vacaciones alejados del mundo. 
Encontramos habitación en un hostal junto a un santuario y un lago, así que pensamos que sería una gran idea respirar aire fresco y pasear en plena naturaleza, pues me encanta el senderismo. Pero, en cuanto dejamos atrás el último pueblo, antes de la subida al santuario, las cosas se precipitaron por su propio peso. El primer capítulo, lo que les sucede a Nico y a su padre durante el ascenso, son nuestras impresiones y conversaciones en el coche. 
Editor Orciny Press, Hugo Camacho
Muchas personas dicen de mí que vivo en las nubes, otros que soy muy intuitiva, pero el caso es que ambos vimos, oímos y sentimos cosas durante los días que estuvimos allí. Nuestras salidas al bosque estuvieron plagadas de sucesos extraños y, cuando cenábamos al aire libre, la niebla que subía del lago parecía querer alcanzarnos. 
Siempre llevo encima mi portátil, por lo que no pude evitar ponerme a escribir lo que estaba pasando, notas que se fueron convirtiendo en una historia, una aventura más allá de nuestra realidad, en un mundo mágico y arcano que creíamos extinto.
Nos fuimos mucho antes de lo que habíamos decidido, con la habitación pagada, pues yo había dejado de dormir y sólo escribía. Me obsesioné por completo con la historia y no pude dejarlo ni en el coche, de vuelta a casa, pues una melodía me perseguía y no paraba de cantar.
¿Cuánto tiempo te ha llevado?
En menos de un mes la tenía escrita. Un par de semanas de redacción, el resto de revisión. Como digo, parecía poseída por una historia que necesitaba sacarme de dentro.
¿Cómo ha sido la evolución de la trama y los personajes?
La trama nació durante ese viaje, pero los personajes tienen una historia mucho más larga. Algunos de ellos, como Psilo (no doy más datos por no hacer Spoilers), lo conocí años antes en Asturias, durante un viaje con mi mejor amiga y nuestras parejas. Otros, como el Señor del Viento, lleva conmigo mucho más tiempo.
¿Quién crees que disfrutará más con su lectura?
Los amantes de la fantasía y de la aventura. Lectores jóvenes y adultos, pues es una de estas novelas en que el personaje empieza siendo casi una niña y evoluciona a lo largo de la historia, descubriendo la realidad que la rodea. 
Creo que hará las delicias de los seguidores de los Estudios Ghibli (El viaje de Chihiro, Totoro y La Pincesa Mononoke), de Alicia en el País de las Maravillas y Dentro del Laberinto. No lo hice apropósito, pero más adelante, releyéndolo, descubrí los guiños a estas obras.
¿Qué te gusta más leer o escribir?
Ambos. Uno no existe sin el otro. Soy de las que cree que no se pueden escribir buenas historias sin leer. Empecé de muy pequeña inventando historias, primero de forma oral, pues no sabía leer, pero en cuanto pude, me apasioné por el teatro (Shakespeare, en especial), los relatos (Libro de Arena de Borges, por ejemplo) y el gótico (Frankenstein de Mary Shelley). Conseguía los libros de profesores, bibliotecas y ahorrando el dinero para chuches y cromos que me daban mis padres XD
Enumera tres rasgos de tu libro que crees que lo hacen especial.
Es una historia que podría suceder a aquellos que creen en la magia. Una historia que invita a ver el mundo de otra manera, a amar la naturaleza y los espíritus que viven en ella, y a temer su ira, pues somos tan pequeños al fin y al cabo.

lunes, 13 de febrero de 2017

Primeros capítulos de "Las Bocas de la Montaña", de Isabel del Río - Próximo Club de Lectura

Aprovechamos para recordaros que mañana, martes 14, día de los enamorados y San Valentín, nos encontraremos con la autora de Las Bocas de la Montaña. El Señor del Viento (Ediciones Atlantis) en el Club de Lectura. Será a las 18.30h en la librería, Costa i Cuxart 5 (L5 Virrei Amat/Maragall).

Entrada Libre y Gratuita.


PRIMEROS CAPÍTULOS de Las Bocas de la Montaña:

La visión
                                                                                                                                             
El coche atravesaba veloz las montañas, giraba con violencia en las curvas, mientras contemplaba desde la ventanilla el espeso follaje que pasaba ante mí. Todo había sido idea de mi padre, desaparecer unos días en un hostal perdido construido junto a un monasterio. Allí tendríamos calma, él podría pintar y yo descansar. Aunque lo último que me apetecía era alejarme de nada y menos aún de mis amigos. Sólo deseaba que todo fuera igual que antes.
Ahora el vehículo aminoró la velocidad. Entrábamos en un pequeño pueblo donde apenas había tiendas, tan solo una carnicería y un colmado.
—Cuando crucemos ese letrero se habrá terminado la civilización —dijo mi padre sin separar la vista de la carretera.
Iba a quejarme por tener que ir a un lugar tan alejado cuando vi de refilón, asomándose a la ventanilla del piloto, la enorme cabeza de un león blanco. Sólo fui capaz de hacer un extraño ruido al contener el aliento, cosa que mi padre tomó como un gesto de alegría. Todo el pelo de los brazos se me había puesto de punta, como si hubiera caído un rayo demasiada cerca, y me sentía extremadamente nerviosa.
—Ya verás qué bien lo pasaremos, todas las mañanas haremos excursiones, y por las tardes podrás leer, montar a caballo, incluso tienen conexión wiffi.
Miré hacia atrás, pero no encontré rastro alguno del gran animal blanco que me había asustado, ni nada que se le pareciera. Cuando me volví, en la ladera de la montaña había montones y montones de bocas de piedra, eran como puertas cerradas cubiertas de musgo.
—¿Qué es eso? —pregunté.
—No lo sé, cerca de aquí hay una mina, quizá tenga que ver con eso.
El coche giró en una ladera y entramos en un camino de tierra. En la última casa, un zorro de piedra vigilaba la entrada entre la maleza. Me pregunté si la gran cabeza del león también había sido eso, una figura, como el perro del restaurante en el que habíamos comido. La dueña del lugar nos había explicado la curiosa historia de la figurilla que representaba a un bulldog. Nos contó que el animal de mármol ya estaba allí cuando había comprado la casa y había aguantado como un campeón todas las obras de reconstrucción, para ella era como un talismán, un guardián.


Poco después de dejar atrás la última casa, el ruido nos alerto y mi padre pudo sortear una extraña máquina que limpiaba los bordes del camino, cortaba las ramas y desbrozaba los arbustos.
La subida estaba llena de curvas y era realmente empinada. La luz se colaba entre las hojas de los árboles haciéndome confundir rocas con gatos y hojas con pájaros, me parecía ver rostros por todo el bosque.
—No me gusta este sitio, ¿por qué no podemos ir al hotel del otro pueblo?
—Esto es mucho mejor, ya lo verás. Dale una oportunidad.
En uno de los giros, los árboles cambiaron de pinos a tilos y el viento empezó a soplar, todos se movieron al unísono y algo cruzó el cielo.
—¡Un águila! —gritó mi padre.
—Yo sólo he visto una luz.
—Era un pájaro enorme, tenía que ser un águila.
Cuando llegamos al hostal me quedé sin palabras ante el gran monasterio de piedra que parecía engullido por las montañas. La ventana de mi habitación daba directamente a un lago rodeado de escarpados.
—Dúchate y descansa un rato, a las nueve te recojo y cenamos —dijo mi padre guiñándome un ojo.
Pero por mucho que sonriera yo sabía que algo le rondaba por la cabeza. Desde que había visto el águila estaba extraño, no había vuelto a hablar hasta ese momento y normalmente gustaba de visitar el lugar antes de la cena. Aún así preferí no molestarle, al fin y al cabo estábamos allí para dejar atrás la rutina y ver el mundo con otra perspectiva, o eso nos había sugerido la psicóloga del instituto.

Tras darme una ducha, cambiarme de ropa y descansar un rato tirada en la cama con el techo como única distracción, caí en la cuenta de que habían pasado de las nueve y nadie había llamado a la puerta. Observé el pasillo iluminado por lamparillas de vidrio coloreado, e intrigada porque mi padre no me hubiera pasado a recoger, pegué la oreja a la puerta de su habitación y escuché atentamente. No se oía nada. Pensé que quizá habría bajado sin mí, pero nunca había actuado de ese modo, así que golpeé la puerta un par de veces.
—¡¿Quién es?!
Respondió mi padre molesto.
—Soy yo. Ya son las nueve, no has pasado a buscarme y…
—No tengo hambre, mejor baja tú. Buenas noches hija.
Me quedé helada. Sí, habíamos ido allí a cambiar la rutina, a hacer un poco lo que nos apeteciera, pero nunca me había hablado así y aún menos me había mandado sola a un lugar nuevo.
Turbada, bajé las escaleras pensando en el extraño comportamiento de mi padre, cuando el anfitrión me ofreció amablemente que me sentara en una de las mesas acondicionadas del exterior. Acepté, pero se me había pasado el apetito. Jugaba con la comida que tenía en el plato y miraba en derredor sintiendo como si miles de ojos me observaran. En cuanto me sirvieron el postre me excusé, decidí dar un paseo y explorar por mi cuenta el hostal.
Se trataba de una casa sencilla de piedra, con tres plantas de altura. Pero lo que llamaba la atención era el santuario, una pequeña ermita que nacía de la roca de la montaña con un campanario que resurgía entre los árboles de la cima. La sensación de que alguien me observaba continuaba oprimiéndome el pecho. Escuché un ruido entre la maleza y me giré, pero allí no vi nada más que flores y hojas.
Empezaba a refrescar y me abracé a mi misma buscando calor. Subí unas escaleras de madera que llevaban a través de la montaña hasta una caseta donde debían hacer actividades de invierno, pues en aquel momento permanecía cerrada. Desde allí podía disfrutar de una vista espectacular del lago y los bosques de los alrededores.
En el hostal había tres ventanas iluminadas y en una de ellas pude ver durante unos segundos el perfil de mi padre, parecía nervioso y se movía rápido por la habitación. Furiosa, di una patada a una piedra. ¿Por qué me había dejado sola de aquel modo? ¿No se suponía que aquel viaje tenía que arreglarlo todo? Yo no quería dejar a Laura y a mis amigos, lo había hecho por él y ahora… Entonces sentí la calidez del pañuelo de mi madre en mi mano y aspiré su perfume.
—Cuidaré de él, no te preocupes —susurré.
De nuevo, aquel ruido entre los arbustos me alerto, y cuando me giré unos ojos enormes me contemplaban iluminados entre las ramas. Salí corriendo y no miré atrás, ni siquiera me detuve cuando me encontré con la mujer del hostelero. Llegué a mi habitación y cerré la puerta con pestillo.

Desaparición

Desperté con un molesto repiqueteo en la cabecera de la cama. Cuando abrí los ojos vi un pajarillo que picoteaba enérgicamente la madera y que, al reparar en mi presencia, paró en seco y emprendió el vuelo, golpeándose contra todas las paredes antes de salir por la ventana.
Me incorporé y estiré haciendo memoria de dónde me encontraba. Entonces recordé un pequeño detalle: no había dejado la ventana abierta. Más bien estaba segura de haber puesto el cerrojo durante la noche. Mientras buscaba el fallo en la manivela, me asusté al encontrar una leve huella en el cristal. Parecía la pata de un animal y estaba hecha desde fuera.
Me vestí y salí en busca de mi padre, quería marcharme de allí de inmediato. Golpeé la puerta pero no obtuve respuesta, así que bajé al restaurante imaginando que, si no había cenado, debía de estar muerto de hambre. Pero allí tampoco nadie le había visto. El dueño del lugar me vio tan preocupada que decidió acompañarme a la habitación con una copia de la llave. Una vez allí, llamamos de nuevo a la puerta, pero al no recibir respuesta procedimos a abrirla.


Lo que encontré en el dormitorio me llenó de pavor. La maleta estaba tal cual la había dejado al llegar, lo único que había tocado eran sus láminas y carboncillos. La habitación estaba literalmente empapelada por reproducciones de lo que asemejaba un águila, pero no era un ave normal, pues algunas veces tenía cabeza de hombre, otras de lobo, otras garras, otras… ¡¿Qué había estado haciendo toda la noche?! En un rincón de la habitación podíamos ver signos de forcejeo, las mismas huellas que había encontrado en mi ventana, pero esta vez junto a unas humanas, y entre todos los bocetos un hueco: faltaba uno.
El dueño del hostal palideció.
—¿Dónde está mi padre? —pregunté temblando.
—Yo no sé nada —respondió él retrocediendo.
—¿Dónde lo han llevado? —rogué a punto de romper a llorar.
El hombre me miró fijamente y torció el gesto antes de responder:
—Dejaré que te quedes aquí hasta que venga a recogerte tu familia. Gratis.
Después abandonó la habitación lo más rápido que pudo.

Primeros dos capítulos de Las Bocas de la Montaña. El Señor del Viento, de ©Isabel del Río (Ediciones Atlantis). Disponible en papel en librerías y en Amazon.